martes, marzo 14, 2006

Aproximación al concepto de Identidad Cultural Latinoamericana

Por Carmen Marquez R


El presente trabajo se inserta dentro del vasto mundo del pensamiento latinoamericano, principalmente en uno de sus temas más contingentes, el de la Identidad Cultural Latinoamericana. Queremos aproximarnos a su problemática definición a partir de algunas de sus concepciones más conocidas, tomando en cuenta la amplia gama de interpretaciones, dentro de un mundo cada vez más complejo y globalizado.
Esta reflexión inicia su curso a partir de autores latinoamericanos contemporáneos que han pensado nuestra realidad como una cuestión filosófica, que ven en la necesidad de reflexionar sobre nuestra conformación cultural e histórica, y en la búsqueda de la o las respuestas sobre nuestra identidad, una posible solución a los problemas políticos, económicos y sociales, así como de integración, ecología versus modernización que actualmente afectan al continente, y que subyace de manera implícita en preguntas tales como ¿Cuál es la modernidad que América Latina persigue?, entre otras.
Dentro de esta investigación debemos tener en cuenta que aún cuando en la historia del continente la pregunta por nuestra identidad cultural, exhibe un ya largo proceso de discusión, faltan estudios que presenten una visión más de conjunto, que contribuyan a un análisis más sistemático de los avances y nuevas conceptualizaciones sobre el estado actual del tema. Aún cuando es importante destacar la constante multiplicación de textos sobre el tema, así como la incorporación de nuevas disciplinas dedicadas a su estudio, lo que nos permite constatar que la pregunta por la identidad sigue abierta.
Preguntarnos sobre la identidad cultural de un pueblo o continente nos remite a preguntas tales como: ¿Existen rasgos comunes entre los pueblos latinoamericanos? ¿Qué rasgos vamos a considerar como fuentes o ausencia de identidad? Tal discusión nos lleva desde un principio al plano conceptual ¿Qué vamos a entender por identidad, por cultura, por identidad cultural? ¿Qué relación podemos establecer entre ellas?
El primer lugar el término cultura, proviene del latín “colere”, que significa cultivar, pero hoy día posee múltiples significados. Algunos de sus sentidos más importantes como destaca Sobrevilla
(filosofo de la cultura), son el sentido directo, como cultivo y sus compuestos como agricultura, apicultura, etc. Y un sentido figurado, en el que podemos distinguir dos sentidos:
- Sentido objetivo: vista como la “creación y realización de valores, normas y bienes materiales por el ser humano”, en este sentido se opone a la naturaleza.
- Sentido subjetivo: que se refiere al cultivo de las facultades del hombre, de su alma, cuerpo e inteligencia.
La cultura comprendería “todo lo que no nos es dado por la naturaleza, sino que se añade por el esfuerzo humano -individual o colectivo- a la naturaleza (a la naturaleza humana y a las cosas)”
.
Otro elemento que podemos tener en cuenta es la distinción entre: cultura en un sentido restringido y elitista, conformada por todos los elementos que constituyen las Bellas Artes, las ciencias y demás disciplinas del conocimiento que generan el llamado patrimonio cultural, y un sentido amplio, que estaría conformado por la “totalidad del modo de vida de una sociedad: sus costumbres y valores, sus tradiciones de conocimiento, sus mitos y creencias, sus formas de comunicación y almacenamiento, de la memoria colectiva”
. La cultura sería un producto de las acciones de hombres y mujeres es un espacio y tiempo determinado que reaccionan organizadamente ante la complejidad de su entorno, en este sentido la cultura es un patrimonio material, social e ideacional (manifestaciones simbólico expresivas de una cultura: las religiones, ideologías, mitos, artes, folclore, conceptos e ideas) que es comunicado a sucesivas generaciones como herencia.
A su vez una cultura está constantemente recreándose, al ser interpretada y recogida por sus integrantes, en un contexto de negociación de significados y validación de las acciones. La cultura puede ser mantenida, interpretada, recreada o deslegitimada, puesta en cuestión, según los particulares desafíos que se presentan a cada generación.
Respecto de ella el ser humano se encontraría existencialmente ligado en dos aspectos:
- El de pertenencia, vivir en la historia como desde y a partir de ella, regido por la realidad, por los condicionamientos, por las herencias conceptuales, por la norma social y las instituciones, insertos en una tradición cultural.
- El de distancia crítica, vivir en la historia como un plan a realizar, como una tarea de la libertad, pudiendo distanciarnos de nuestra tradición si así lo deseamos. La cultura en este sentido sería una tarea permanente por nadie centralizada y planificada del todo, que se va haciendo consciente o inconscientemente, personal o comunitaria, con características tanto del pasado como de los tiempos inexistentes anticipados por la imaginación. Por ello al observar las miles de variantes de los seres humanos no sorprenden tanto los rasgos físicos como la infinita diversidad de sus modos de vivir y de sus costumbres, presentes en el lenguaje, las ideas, las creencias, códigos sociales, técnicas, ritos, concepciones éticas, artísticas y religiosas, como también es posible observar elementos comunes presentes en todos los grupos humanos, en los que están impresos rasgos de una creación propia y particular que los distingue.
En segundo lugar el concepto de identidad, proviene del latín “identitas”, que indica la cualidad de idéntico, ídem, lo mismo. Algunos de sus usos más comunes y que guardan relación con el concepto de identidad cultural o sociocultural, son el uso práctico del concepto de identidad mismidad, que se aplica a la demostración de la identidad personal, “soy el que afirmo ser”, en el que se destacan determinadas señales (signos o símbolos) que son exclusivas del individuo, a través de las cuales se pone de manifiesto la identidad, a pesar de los cambios en el tiempo. Y el concepto de identidad psicológico-individual, que puede caracterizarse como “conciencia de sí mismo”, “memoria de la mismidad”, “preservación de la personalidad” a través del tiempo a pesar de los cambios que el individuo experimenta en la vida.
La identidad en el plano sociocultural
manifestaría una dimensión sincrónica, la conciencia compartida de pertenencia a una unidad sociocultural y una dimensión diacrónica, la mismidad en el tiempo, la unidad sociocultural a la que pertenecemos es la misma desde hace “n” años y suponemos que seguirá siendo la misma en el futuro. Esta concepción tendría como consecuencia algunos alcances que aportan datos importantes a nuestra reflexión tales como: a) la mismidad en el tiempo, como resultado de la dialéctica entre preservación y cambiabilidad; b) la existencia de características propias de la respectiva unidad sociocultural que expresan y simbolizan su identidad; c) las diferencias con el otro, en este caso las demás unidades socioculturales con las que se convive e interactúa, permiten perfilar la propia identidad.
La identidad sería el núcleo de cada cultura, un modo de ser singular y particular, no sólo el fruto de un proceso puramente autorreflexivo de que se “es” en comunidad, en una relación de pertenencia que crea nexos de identidad, sino que implica una exterioridad que nos hace conscientes de los límites entre nosotros y los otros (otro cercano=alter; otro lejano, extraño=alien, alius con el cual me comparo).
Podemos afirmar entonces que la relación entre cultura e identidad comienza a perfilarse. El valor que le otorgamos a nuestras prácticas pasadas y actuales contrastándolas con lo foráneo, nos facilita la comprensión del mundo y permite orientarnos. Las identidades culturales contendrían de alguna manera una propuesta de cómo vivir mejor nuestro singular modo de ser. Lo que nos conduce a una discusión acerca de los principios y valores ordenadores de nuestra cultura y los medios de comunicación. Las identidades culturales se construirían a partir de los sentidos y los significados creados por las reflexiones que el ser humano realiza acerca de su relación con la divinidad o ser trascendente, con la naturaleza y los otros seres humanos, que pasan a ser el núcleo de toda identidad. De estas reflexiones, entre pensamiento y vida, se desprende la visión que el hombre tiene del mundo, sus interpretaciones y comprensión de los fenómenos que suceden a su alrededor. La creación de ideas que posteriormente se convierten en creencias, sistemas de valores asociados a ellas, mitos, símbolos, junto con orientaciones culturales más elaboradas creadas por el ser humano como: pensamientos religiosos, doctrinas filosóficas e ideologías económicas y políticas, arte, normas jurídicas, formas acabadas de conocimiento científico y tecnológico, de un pueblo constituirían los elementos que conforman la identidad cultural. Por otro lado, los procesos de conformación de la identidad de un pueblo son largos y complejos, y en ellos participan tanto la comunidad como los intelectuales. En comunidades poco diferenciadas los procesos de producción de significados dependen del desarrollo de la razón e imaginación colectiva, siendo una actividad libre, plural y compartida por todos. En sociedades más desarrolladas esta tarea recae en los intelectuales, que son elegidos por los poderes sociales, así una tarea intelectual que es comunitaria termina siendo dogmáticamente controlada por un grupo dirigente, que se apropia de los sentidos construyendo una identidad propia que pasa a ser la dominante. La dominación cultural se ejerce en la sociedad a través de sus agentes de socialización, con el fin de estabilizar estructuras, preservar el orden social, sancionar instituciones y legitimar poderes. Sin embargo no todos los procesos socializadores y sus contenidos tienen como fin transmitir y fijar la identidad cultural dominante en el subconsciente de los grupos subordinados, ni los intelectuales asumen ese rol.
Luego de establecer ciertos parámetros de comprensión sobre los conceptos utilizados, y volviendo a nuestro tema central, el debate sobre la identidad cultural latinoamericana en nuestro continente, posee como principal característica la diversidad y heterogeneidad de interpretaciones. Considerando que las grandes identidades ligadas a la nación, la política y las clases sociales viven procesos de desestructuración
y están surgiendo microidentidades consideradas antes como secundarias (genero, deportivas, religiosas, etc). Algunos autores sostienen como plantea Vergara que no habría identidades predominantes que pudiésemos considerar como ejes ordenadores, por lo que nos encontraríamos ante un generalizado, diversificado y complejo proceso de crisis y transformación tanto de las identidades sociales como personales. Todo este proceso se desarrollaría dentro de una época de inédita globalización e internacionalización de la economía, la política y el consumo cultural. Siendo los medios de comunicación instrumentos que permiten hacernos más conscientes de la gran diversidad de culturas, religiones y formas de vida existentes. Viviríamos una aceleración del tiempo histórico, los acontecimientos y procesos se suceden con mayor rapidez, desestabilizando la vida cotidiana.
Asistiríamos entonces aun cambio cultural sin precedentes en América Latina, en el que incluso se habla de fracaso de la modernidad en el continente. Todo ello implica grandes desafíos para los analistas de las identidades culturales debiendo revisar y esclarecer las tensiones que se producen, los términos con los se trabaja. Para comprender los procesos de las identidades emergentes, en crisis o transformación, cuyos perfiles y límites no son muy precisos.
Por ello dentro de esta diversidad de versiones e interpretaciones sobre nuestra identidad hemos establecido el siguiente esquema de clasificación: por una parte aquellas tesis que postulan la existencia de una identidad latinoamericana, en contraposición con aquellos que la niegan dentro de las cuales encontramos diversos matices:
I.- Dentro de las tesis que postulan la existencia de una identidad latinoamericana encontramos a los historicistas y los esencialistas:
a) Historicistas: aquellos que conciben la identidad como un proceso que se construye y reconstruye en el tiempo, en un movimiento que no puede detenerse, en el que aparecen y desaparecen, costumbres, hábitos y tradiciones. Destacándose ciertos períodos en la historia cultural de América Latina de cambio epocal, de paradigmas, en los que la temática identitaria se ha hecho relevante, Larraín,
en sus investigaciones propone ciertos períodos como: la Conquista, Independencia, la crisis global en el contexto de la Primera Guerra Mundial, la gran depresión del capitalismo que provoca la desestabilización de la dominación oligárquica y un cuarto período en los años 70, época en la que se producen varios quiebres democráticos y la instalación de dictaduras en todo el continente. Es en estos períodos que los intelectuales se preguntan hacia dónde vamos, y qué podemos decir acerca de la supuesta modernidad del continente, entre otros cuestionamientos.
Los historicistas concluyen que la identidad, no sería una esencia fija, definitiva e inmutable, impermeable frente a los cambios de experiencia histórica y cultural, sino la existencia de una red de relaciones y contactos entre las distintas categorías sociales internas y externas en constante proceso de construcción y reconstrucción con diversos grados de cambio y permanencia. Este proceso se daría en un plano interactivo donde se combinan las contradicciones colectivas e individuales con áreas de consenso parciales.
La identidad se originaría según algunos de estos autores como Triviño
, entre dos polos de tensión: la practica social de todos y cada uno de los integrantes de la respectiva unidad sociocultural, y por otro lado el trasfondo histórico en que esta unidad se inserta. El perfil concreto de la identidad sería siempre provisorio y transitorio, ocasionándose en diversos momentos perdidas de referentes y adopción de otros, tales como el cambio de ideas, símbolos, relaciones, etc., lo que no implica necesariamente una crisis o pérdida de identidad.
La identidad socio cultural histórica se muestra heterogénea, tanto en formas como en contenidos, en dinámica construcción y mutable en el tiempo. La herencia cultural sobre la que se crea la identidad de un pueblo o continente parece tener características tales como: pluralismo estructural y de contenidos, no hay homogeneidad, una predisposición parcial a generar o asimilar cambios, no es inmutable, y por último tiene una apertura a los aportes exógenos, no hay aislamiento. Esta herencia implica una valoración positiva de la libertad personal o grupal.
b) Esencialistas: conciben la identidad sociocultural de un pueblo como algo estático “que existe una esencia o matriz cultural sepultada y olvidada, que hay que recuperar”
. Esta se ha formado en un tiempo y lugar determinado por tanto la crisis identitaria de América Latina sería producto de un alejamiento y olvido de esa esencia. Por lo general estas posiciones han adoptado dos variantes, por un lado están aquellas teorías que rechazan el hibridismo de nuestra cultura, y buscan en los componentes indígena o español la clave verdadera de nuestra identidad. Por otra parte están aquellas posiciones que aceptan la matriz cultural híbrida, pero la fijan en un cierto período, negándose a considerar el impacto de nuevos aportes. Definen la identidad sobre la base de un listado de rasgos socioculturales que supuestamente forman un todo homogéneo e inmutable a través del tiempo, rasgos que hacen que la identidad sea tal, esto es, que constituyen la esencia de la identidad. De esta concepción, concluye Larraín podemos derivar consecuencias tales como: los cambios atentan contra la identidad, lo exógeno la contamina, la desviación del modelo establecido traicionaría las más puras esencias de nuestra identidad. Una crítica más de fondo a esta formulación sería que no tendría correlato empírico.
II.- Aquellos que niegan la existencia de una identidad latinoamericana propia o auténtica.
Estas concepciones plantean que las interpretaciones sobre la identidad latinoamericana se basarían en un lenguaje de ilusión y autoengaño, no tendrían contenido histórico, político o sociológico concreto, sino que más bien, representan el eco o efecto de cierta imagen estética. Los análisis sobre identidad cultural serían un mero gesto retórico, un juego de palabras que no conducen a nada, estas teorías son planteadas por autores tales Graña
.
Algunas de estas teorías tienen su origen desde el momento mismo de la llegada de los españoles al continente, iniciándose un constante debate acerca de la validez cultural de Latinoamérica.
Así, podemos afirmar que la pregunta por la Identidad Cultural Latinoamericana, no es algo fácil ni mucho menos obvia de responder, pero es necesario realizar un esfuerzo de reflexión sobre esta temática vigente, la cual plantea constantemente nuevos cuestionamientos.